UN GENIO CADA SIGLO, Y GRACIAS


Yo escribo.
Tú escribes. Ella y él escriben.
Aquí escribir escribe hasta mi perra,
una terrier
amante del sofá y los sándwiches
que ladra más que muerde: guau guau guau.
Como la mayoría: bla bla bla
pero poco full contact.
Joder. Que hay más rapsodas que peatones.
Y un elefante ahorcado en el semáforo.
Y un tiburón comiéndose a las cebras.
¿Y quién cojones lee?

Yo escribo.
Tú escribes. Ella y él escriben.
De buena fe. Los cristos de la lírica.
Ajenos a la ley universal: un genio cada siglo,
y gracias. Ignorantes
del gran secreto, lejos del imán,
a 23 millones de años luz: con la intención no basta,
sudar la camiseta no garantiza el gol,
sin uvas, ¿dónde el vino?,
taxista del infierno,
el arte de la inspiración
nace del mal.

Yo escribo.
Tú escribes. Ella y él escriben.
Aquí escribir escribe todo el mundo.
Bolígrafos y lunas.
Aquí escribir
escribe todo dios pero poeta
poeta, ese clavel
auténtico tocado por el blues,
señor de la verdad, no es más que el Diablo.
Punto y final.
Amén.

ME GUSTA FORNICAR MÁS QUE A LOS MONOS

....................El camino del exceso
............conduce al palacio de la sabiduría.
...........................William BLAKE

Me gusta fornicar más que a los monos.
Yo, de pequeño, quiero ser avión,
vikingo o panadera.
Gioconda,
invítame a danzar.
Qué puro el arte de pisar las sienes
a pitagóricos y newtonianos.
Pessoa dice:
a única inocência é não pensar.
Soy inocente.
Adiós al homo sapiens. Hasta nunca.
He aquí la nueva era. Bienvenidos
a la expansión
poética del homo pornus. Jau.
Que triunfe la hermosura. Oro y laurel.
Que la felicidad se suba al podio.
Que Dios masturbe a Dios.
Y nada más.
Nos vemos en las nubes.
Queridas y queridos,
tatuadlo
en vuestras nalgas:
Amor, Amor, y lo demás es Mierda.

EL ZEN ESTÁ EN LA UCI



Criatura
que caes en el poema de los mil
espíritus,
adiós y buena suerte,
en una sociedad como la nuestra,
contraria a la oriental
(¿contraria
a la oriental?, qué coños,
más seriedad, no te columpies, genio,
no vivas en la treta literaria
de bendecir
el culo que no tocas:
a día de hoy,
debajo de la máscara
de té, sardina
y gong,
la contaminación del Sol Naciente
-tecnología punta por aquí,
McDonald's por allá-
asfixia
la tradición
más verde y pulmonar
del mundo,
con Buda en coma,
tumbado en una cama de hospital,
decapitada flor
de loto, tigre que despierta), sí,
en una sociedad como la nuestra,
más educada en el placer del vino
que en el placer
del agua,
más adiestrada en la guitarra eléctrica
que en el silencio
artesanal,
más entrenada en la pornografía
que en el amor,
más puta que poeta, en fin,
en una sociedad como la nuestra,
que un hombre
enfermo de metrópoli
(igual que tú o igual que yo) se siente
-stop-
sobre la hierba,
descalzo, al pie de un fresno, junto al río,
a ver
sencillamente el paso de la tarde
gozando la dulzura de la nada,
con naturalidad,
con limpidez,
con lentitud,
no es una práctica cualquiera, no:
es un jodido
milagro.

ENRIQUE BÚNBURY


Enrique Búnbury,
oscuro como libro sin abrir
o sexo con cadáver,
la bola de billar
número 8,
Enrique Búnbury,
jinete del Atlántico,
señor
de la pobreza,
oruga y pan y pan y pan
y vino y el avión
del alma,
Enrique Búnbury,
boxea con el viento,
el tango de los cristos en minúscula,
la noche,
el sheriff del ay ay,
la puta coca cola al microondas,
mastica
igual que un taxi de uñas verdes
la flor
de la locura,
Enrique Búnbury,
te quiero,
soy el otoño, marinera rubia,
soy el otoño, mierda al rock & roll,
soy el otoño, cásate tú cásate,
te odio, big bang,
conmigo.

ARCÁNGELES, MEAD. EL NIÑO ETÍOPE


Arcángeles, mead.
El niño etíope
no quiere seducir con sus pupilas
color
escarabajo
a los fotógrafos
de National Geographic.
Ni celebrar los goles de la Juve.
Ni conocer el pánico
jovial
en la montaña rusa
de Disneyland
París.
Arcángeles, mead, mead.
El niño etíope
no quiere caminar sobre la luna.
Ni acariciar
un tigre
en el zoológico de Buenos Aires.
Ni protagonizar
este poema,
cojones.
Arcángeles, mead, mead, mead.