
Los científicos se llevan las manos a la cabeza. Los poetas, al corazón. Los suicidas, a los testículos. El presidente de EE.UU., Barack Obama, y su homólogo chino, Hu Jintao, han acordado no reducir las emisiones de CO2: pesa más el dinero que la vida. Malas hierbas. Tristeza de pensar que un disparate así es posible: de aquí a nada, cancerígeno dirigente, mirando sin complejos a la cámara, tendrá la -cien veces latigable- osadía de argumentar que el deshielo tiene su origen en los tórridos encuentros sexuales entre esquimales. Cualquier peregrina justificación es válida en estos tiempos del diablo. "Hace calor, hace calor", que cantan asfixiantemente Los Rodríguez. Persignémonos. El infierno está cerca.
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